Fotoperiodismo surge pese a las cortapisas

Tomado de la edición web de El Telégrafo

Publicado en el diario impreso el 27 de julio de 2008

Escrito por Marcela Noriega

“No soy un fotógrafo, soy un periodista”. Con esa liviana frase el –considerado por muchos- padre del fotoperiodismo moderno, Robert Kappa –seudónimo de Endré Friedmann-, solía definirse. En la retina de muchos estudiantes de periodismo y de fotografía quedaron guardadas las imágenes de este húngaro: la del miliciano que, sin soltar el fusil, cae de rodillas, herido en la II Guerra; las del conflicto civil español o las del “Día D”, por evocar unas pocas.

Lo que hacía Kappa era construir imágenes informativas, ser una especie de francotirador que se camufla para contar, desde su propia mirada, la realidad. Es lo mismo que buscan jóvenes fotoperiodistas locales. “Lo ideal es llegar a ser invisible. Es lo que el fotógrafo de prensa quiere. Nosotros no armamos las fotos, no jugamos a ser Dios”, describe su trabajo César Morejón, reportero gráfico de El Comercio.

Algo que Pablo Corral, en sus 25 años de trayectoria, ha logrado. Por eso, es mencionado como un referente por los que vienen detrás.

Para juntar los puntos de vista y los trabajos de los fotógrafos, Corral –cuencano de 41 años, que vive en Quito y ha publicado en National Geographic, Geo, The New York Times, El País– creó hace dos meses, en internet, una red social iberoamericana, parte de un proyecto grande que tiene como puntal la capacitación y como soporte financiero a la Universidad de Miami.

“En Ecuador hay muchísimo talento y gente que está haciendo cosas extraordinarias”, dice Corral.  Y esto pasa, en gran parte, porque la revolución digital  nos dio a todos  las mismas herramientas. “Se ha democratizado el trabajo. Antes, pocos podían tener acceso a la película; ahora es un asunto de investigación, de paciencia, de talento”, explica.

“No existe una cultura de respeto al fotógrafo de prensa. En muchos medios sigue siendo menospreciado”

Sin embargo, este es uno de  los momentos más difíciles del fotoperiodismo. No solo porque nunca antes de habían cerrado tantos diarios y revistas a nivel mundial, sino porque los aficionados están tomándose el espacio de los profesionales.

“Ahora cualquier persona con una cámara puede subir fotos flyker (espacio de fotografía libre en la web), y las fotos de aficionados se venden a precios muy bajos, y dejan a los profesionales sin piso”, explica Corral, quien está convencido de que para los independientes es casi imposible vivir de la fotografía periodística. Pero, quienes deciden trabajar en una redacción a tiempo completo, también enfrentan problemas.

Daniel Patiño, quien está en Europa perfeccionándose, y Karla Gachet, quien estudió Fotoperiodismo en la Universidad San José de California, coinciden en tres puntos: bajos sueldos, exceso de asignaciones diarias y falta de editores. Gachet suma otro: “todavía no existe una cultura de respeto al fotógrafo de prensa. En muchos medios, sigue siendo menospreciado. No se le da poder para proponer su propia visión ni para participar de la edición de su material”.

Es que “los periódicos no se dan cuenta de que es mejor tener unas pocas fotos buenas y no muchas que no tocan a nadie, que no tienen profundidad”, agrega Corral, para quien, también, el tema de los sueldos es básico. “Debido a que los salarios son tan bajos, la mayoría de los fotoperiodistas es gente de limitados recursos lo que ha producido una visión mucho más conectada con lo popular”. Esto que, por un lado, resulta enriquecedor, por otro, revela el hecho de que los fotógrafos están muy mal pagados.

Pero Patiño apunta otro factor que está en juego: la ética. Frases como: “Apúrate que es solo una foto”, o “Mientras más sangre y más cerca, mejor fotógrafo eres”, están en la lista de lo que él no quiere volver a oír en una redacción. En Ecuador, dice, hace falta una plataforma que fomente el fotoperiodismo desde la educación, difusión, creación y premiación.

Sin embargo, los consultados concuerdan en que “algo está cambiando”. Gachet lo define bien: “hay una nueva manera de ver las cosas. El país se está empezando a ver diferente. Ahora no solo importa el contenido (que es lo principal en fotoperiodismo) sino también la forma, y lo visual está surgiendo no como complemento, sino como parte principal del mundo en que vivimos”.

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